« El Señor dijo a Abram : « Sal de tu país, deja tu familia y la casa de tu padre
y ve a la tierra que yo te mostraré” Gn. 12, 1
Muchas familias mexicanas conocen este peregrinar, dejar el país, la familia, la casa de sus padres para ir otro país… generalmente los Estados Unidos, buscando mejores condiciones de vida, buscando garantizar la educación, el porvenir de sus hijos. Muchos peregrinan por épocas, tiempos a veces cortos, a veces largos. Las familias mexicanas sabemos qué es dejar lo poco o nada que tenemos, hemos visto irse a los Estados Unidos a nuestros padres, tíos, primos, abuelos. Emigrar ha sido parte de nuestra historia, y en mucho, gracias a esta migración, muchas de nuestras familias han encontrado la manera de continuar con vida. No nos es ajeno las palabras que el Señor le dijo a Abram.
Conociendo esta realidad, creo que las familias mexicanas estamos preparadas para ampliar nuestros horizontes, para emigrar por razones más allá que las meramente humanas, a lugares más allá que los Estados Unidos, viendo más allá que a nuestra propia familia, buscando el bien de los otros más que el de nosotros mismos.
La vocación es un llamado de Dios; Dios habla, Dios nos habla. A nosotros, a cada uno, nos toca responder. Pero en medio de tantas voces, es difícil escuchar a Dios. Es difícil porque a veces nos parecen más importantes los ruidos del exterior que el murmullo de Dios en nuestro interior, y “hay que” tener un buen trabajo, ganar mucho dinero, asegurar la educación de los hijos, la salud, el bienestar.
Es difícil escuchar a Dios porque nos hemos olvidado que nosotros somos sus hijos, que Él nos da todo lo que necesitamos. Cuando creemos que Dios existe pero que no se ocupa de nosotros, que somos nosotros los que debemos procurarnos lo que necesitamos, entonces es difícil escucharlo y más, obedecerlo.
Ser un familia misionera implica primero eso, tener la capacidad de escuchar a Dios y responder, es entrar en la lógica de Dios y empezar a dejar de ver a “mi familia”, “mi país”, “mi cultura”, y entender lo que dijo Jesús “¿quién es mi madre y mis hermanos?” Mc. 3, 33
Ser una familia misionera es empezar a ver a los otros como “tu familia”, sean cristianos católicos, protestantes, ortodoxos… sean musulmanes, judíos, ateos… sean africanos, asiáticos, europeos, americanos. Ser una familia misionera es estar dispuesto a ser confrontada en eso que más se estima y que más se cuida… la salud, la seguridad, la paz… es soltar los “hilos” en los que confiamos nuestra vida para dejar que el que es la Vida nos tome y haga su redención en nuestros corazones y nuestra vida, para luego testimoniar su amor a los demás.
Ser una familia misionera es emigrar, como muchas familias ya lo hacen en México, pero por otras razones, por otras rutas, por otras motivaciones. Es no saber ni poder prevenir el futuro, pero tener la certeza que no nos faltará nada, es saber que la única garantía que tienes es Dios mismo y es más que suficiente.
Cuando nosotros comenzamos a tener claro que nuestra vocación era el matrimonio y no la vida consagrada, al mismo tiempo conocimos que el llamado misionero el Señor lo hace también a las familias y esa fue una gran alegría para nosotros, pues desde nuestra juventud nos hemos sentido invitados a anunciar a Jesús y dar nuestro granito de arena específicamente en la misión ad-gentes. Fue por ello que buscamos al IMIS para responder a esta vocación, y grande, muy grande fue nuestra alegría en ese primer encuentro el conocer cinco familias que ya tenían tiempo de formar parte del IMIS, unos ya habían regresado de misión, otros estaban siendo enviados para Guinea, otros se preparaban para integrarse de tiempo completo en la escuela de formación de Cutzamala, otros seguían el plan de formación desde su casa; todos ellos con hijos, trabajo, ilusiones, preocupaciones, proyectos, deudas y una vida laical tan común como la de cualquier otra familia mexicana. Fueron para nosotros una clara revelación de Dios de que no estábamos delirando en nuestra locura, sino que esa locura era realmente su llamado. Regresamos a casa y pasó mucho tiempo antes de nuestro segundo encuentro con el IMIS, donde al regresar no solamente encontramos a todas las familias que habíamos conocido, sino que ahora había más, cada familia su historia, su camino, su testimonio, su aportación propia y única a esta bella vocación misionera recibida tan inmerecidamente, tan gratuitamente.
Hay un factor común que hemos encontrado en este caminar: tanto en el tiempo que estuvimos en Movimiento Familiar Cristiano, como en el tiempo que vivimos en Cutzamala compartiendo con algunas familias el trabajo de la pastoral familiar parroquial, y también antes de nuestra salida a misión cuando estuvimos haciendo animación misionera con el grupo de la IAM en Chihuahua, siempre encontramos familias cristianas que expresaban este anhelo interior de compartir su fe mas allá, de “salir” de “ir”; descubrimos que el Espíritu Santo esta soplando fuertemente en las familias cristianas para ser sal de la tierra, luz del mundo, levadura; un Evangelio de familia para las familias un Evangelio que se anuncia con palabras y con la vida cotidiana compartida con los otros, ¿Cómo no va a enviar el Señor familias mensajeras en este tiempo en que mas urge? Todos vemos los terribles ataques a los que las familias son expuestas hoy en día, y cada vez con mas fuerza: la televisión y los medios de comunicación que se empeñan en descomunicarnos y aislarnos de la familia, de cambiarnos nuestros valores por antivalores, los horarios de trabajo, el estrés generado por el ritmo de vida, las políticas mundiales contra las familias, tantas cosas que nos “sedan”, que nos roban tiempo y energía y nos alejan de las fuentes de espiritualidad, de oración, de tiempo para Dios y para nuestra familia. Es por ello que el Señor no cesa de llamar familias misioneras a anunciar la Buena Nueva a las demás familias, sea en México o sea donde Él quiera enviarnos.
El mandato de Jesús “Vayan por todo el mundo…” es eso, un mandato, sean familias o no. Esto te lleva a encontrarte con las personas en nuevos lugares, nuevas culturas. Es conocer nuevos amigos, darte cuenta que Dios ya te espera allá donde haz deseado ir. El miedo es natural cuando se comienza a dejar las propias seguridades, cuando se camina por terrenos desconocidos, pero poco a poco Jesús sana las emociones y nos abre a la confianza infinita en el Padre, que nos tiene en sus manos.
Es bueno, es necesario testimoniar a Jesús como familia ya que mucha gente no conoce a Jesús y en algunos países la familia no está tan cerca como en América, y estar en una familia tan unida puede dar un ejemplo positivo en la sociedad. Una familia misionera tiene que amar a Dios, amar a todas las creaturas que Dios hizo, creer en la Palabra de Dios, no rechazar al otro por lo que sea, sino amarlo y ayudarlo. En una familia misionera vas a encontrar amor, paz, tranquilidad y sobre todo, una relación profunda con Dios, si no hay una relación profunda con Dios sería muy difícil porque somos enviados por Él y si él no está presente, no hay nada.
México es un país rico en familias cristianas, con valores que el Evangelio ha sembrado de generación en generación, es hora que las familias mexicanas reconozcamos estos valores, estas riquezas y que el mundo necesita ver, tal vez nosotros no nos damos cuenta pero están ahí. Caminemos, salgamos, proclamemos, necesitamos ser solamente lo que somos, una familia, una familia misionera, una familia mexicana, una familia para el mundo, y “todo lo demás se nos dará en añadidura” Mt. 6, 33
Tu que lees, tu también estas llamado a ser mensajero del Señor, ¿Qué puedes hacer por esas familias que necesitan a Jesús? Lo primero que nos nace es orar por ellas y eso es muy bueno, es lo primero que hay que hacer y lo más importante, pero no nos detengamos ahí, busquemos dentro de nosotros a qué nos invita Jesús, que llamado específico nos hace, busquemos hacer su voluntad, escuchemos su voz que sigue diciendo: “¿Quien ira?”
FAM. ESTRADA TORRES
OUAHIGOUYA, BURKINA FASO
ÁFRICA
30 DE ENERO DE 2012
felicidades se ven muy bien en las fotos conociendo lugares nuevos que bueno que esten bien los saludamos andrea pepe y angel
ResponderEliminar